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Mitología Popular Manchega (IV)

MANO NEGRA

Señero ejemplar de nuestra colección y extraordinario colaborador en la educación coercitiva de los más pequeños. En sus diferentes manifestaciones tuvo antaño una gran actividad en los pueblos montieleños como eficaz asusta niños.

En Torre de Juan Abad quiere la tradición que, la “Mano Negra” era un ente femenino y acuático que reinaba en las oscuras y peligrosas aguas de los pozos corraleros. Fue pavor de la canalla infantil. Se decía de ella que siempre estaba al acecho, siempre atenta y que arrastraba a los niños, a su madriguera líquida, que habían conculcado la prohibición de no acercarse al brocal.

Convienen las mujeres-memoria torreñas en la descripción: “Era como una grandasca y “feísma” mano, con sus uñazas toas negras”.

“¡No asomaros que os coge la Mano Negra!”, “¡Chacho! No t’acerques que la Mano Negra os lleva”, “¡Niño! Fuera d’ahí, no ves que la Mano Negra te ve”.

Como ser alado era imaginado en la Solana, aparecía para llevarse a los niños díscolos.

En lo que no hay acuerdo, es en acertar si la Mano Negra, era la diestra o la siniestra.

En otras localidades se le recordaba como un espantajo antropomorfo: secuestrador nocturno que merodeaba por doquier en busca de mozicos insolentes… y una célebre sociedad secreta criminal del siglo XIX.

Por lo recogido, este espanta niños parece tener un pariente fuera del Campo de Montiel: la “Pata Negra”, su hábitat eran las chimeneas y fue un eficaz espanta niños. Se la dibuja como una gran pata de lobo negro o de zorra del mismo color.

 



MARAUÑA

En Castellar de Santiago, perversa entidad femenina, que vivía en los pozos, con largas y disformes uñas, que le servían para enganchar y arrastrar a los niños. En otros pueblos se la conoce por Mariuña.



MARIMANTA

Es el equivalente a “las fantasmas” y “las pantasmas”. Si bien en los últimos tiempos “las marimantas” eran encobijados rondadores, que tapados por una manta festejaban a través de las rejas o gateras. Así estaba a salvo la identidad del galanteador.

 


MARIUÑA

Espanto femenino. La informante solanera, cuando niña: “…la imaginaba como un pájaro”. En otros pueblos, ser acuático que amenaza continuamente a las criaturas desde el fondo de las pozas y tablas.

 

MARTINICO, EL Grupo de los duendes.

Un informador de Villanueva de los Infantes refiere del susodicho, es un: “duende con aspecto de mono”.

Con toda seguridad, es el duende “Martinico” el más popular, travieso y busca-pleitos de toda la casta duendil.

Hay centenares de historias sobre él y sus fechorías.

 

 

LA MORA

Es frecuente que, la “Encantá” de la noche de San Juan, sea una beldad mora víctima de una maldición milenaria.

 


MOTILÓN


“Mochilón” es su sinónimo. Familia de los duendes.

En Albaladejo se recuerda que era “un monstruo”.

Un informante de Torre de Juan Abad asegura de él: “Ser fantástico vestido de frailón o frailuco, con grandes hábitos pardos y cubierta la cabeza y parte del rostro con la capucha del hábito, donde en el fondo brillaban unos ojos terroríficos que despedían llamas y dejaban mudos de espanto”.

Las citas de Villanueva de los Infantes lo señalan como: “Encapuchado al que apenas se le veía la cara, el hábito era marrón oscuro”, “Con grandes barbas que asustaba a los pequeños”.

En Castellar de Santiago, se llamaba fraile “Motilón” a una oruga.

 

PANTASMA

“Vestido de blanco, sólo se apreciaba largo manto, ojos y los brazos abiertos”, “Era un hombre que por las noches, para ir a visitar a alguna mujer que deseaba, se ponía con una sábana por los pies y otra por la cabeza”. Villanueva de los Infantes.

En Torre de Juan Abad se recoge que: “En llegando la Cuaresma, ya casi agonizando el mes de febrero, empezaban a salir las “pantasmas”, casi siempre por promesas a las ánimas (que se cumplían siempre de una forma totalmente anónima). Todos los Viernes de Cuaresma aparecían las “pantasmas”. Iba vestida de negro con una especie de túnica o sayal que le llegaba hasta los pies. Y para agrandar su estatura y darle a su figura un aspecto entre insólito y terrorífico, sobre sus hombros y cintura llevaba atado con lo que fuera, cuerdas o correa, un armazón de listones de madera y varillas de hierro, todo ello cubierto con sábanas blancas y una cruz pintada en ellas… el aspecto era aterrador”. Es evidente que se trata, en este caso, de un ritual expiatorio.

Aquél que ejercía de “pantasma”, siempre un varón, y no cumplía la totalidad de la promesa, a buen seguro que las Ánimas enfurecidas lo visitarían en su casa y lo atormentarían con toda clase de fenómenos sobrenaturales.

Se sospechaba de las “pantasmas” de Albaladejo que, eran los lacayos “enfantasmados” de amos de casas de “posibles”, que despejaban los caminos asustando a los vecinos, para que ellos pudieran consumar sus amoríos encubiertos.



PEJIGUERA

Mujeruca, proterva y aviesa.

A todos envidia. A todos odia. Sus palabras corroen honras, destruyen obras. En lo antiguo con sus largas y afiladas uñas, despellejaba a todo aquél que se pusiera a su alcance.

En el mejor de los casos, todos o casi todos la conocen, en el peor, comete sus fechorías desde la invisibilidad.

Se afirma que también existe el macho: el pejiguero.



PEREGRINOS

Hombres desarrapados, con cayado y sombrero calado, barbas largas, entre las que aparecían brillantes ojos y tez morena. Sobrecogían a los niños, entre los que pronto se pasaba la voz, si aparecía uno en cualquier lugar de paso. Endemismo de Villanueva de los Infantes.

 

REINA GODA

En Montiel una leyenda narra de una reina goda , pero, el autor, hasta el día de hoy no ha podido recoger ninguna información oral. Los únicos testimonios conocidos son literarios.



REMOLINOS

Son los materiales arrastrados por fuertes vientos, compuestos de matas y finos sarmientos, que adoptan ligeras formas esféricas y viajan allá donde los vientos los llevan. Se creía que en su interior, en algunas ocasiones, habitaban temporalmente ánimas benditas que iban en busca del familiar que no había cumplido sus obligaciones para con ella.

 

 

SAETÓN


Hace años era frecuente verlo por la sierra. Hogaño, el saetón, se ha convertido en invisible o muy precavido, pues no se registra cita alguna sobre él en los últimos tiempos.

El “Saetón” era pariente cercano de culebras y víboras, más largo, oscuro y recio que las primeras.

De él contaban que sentía verdadera afición por volar de árbol a árbol.



SETÓN

En Castellar de Santiago, el Saetón. Poseía fama de malvado, aún se conserva aquello de “Ése es más malo que un setón”.



TROCANTA


Enigmática “mala cosa” con supuesta apariencia de mujeruca siniestra, que realizaba terribles metamorfosis.

Susurran que un tiempo se la vio andurrear por Almedina y Alcubillas.


UÑA

Asusta niños de fiera presencia y: “Aspecto seco, enjuto, manos largas y sucias”. En Villanueva de los Infantes parece ser que se le podía descubrir: “Escondido en zonas de fiesta y celebraciones”. Arrastraba a los niños “malos” hasta su cubil, para darles muerte.

Al igual que él y otros seres, femeninos o masculinos, similares, simbolizan desde los tiempos primitivos la insaciabilidad de la Muerte.

 

ZARRAMACA

Anciana espanta niños, y algún que otro adulto, con su punto de bruja.

“Mi abuela me la presentaba como una aparición que entraba por la chimenea, bajaba por la escalera del granero y se llevaba bajo sus amplios mantos a los niños malos o desobedientes”. Así la recuerda un informante en Torre de Juan Abad.

“Nombre femenino que demuestra ser una mujer mal presentada, mal vestida y mal vista en la sociedad. Pero se decía también ¡Zamarra!”. Villanueva de los Infantes.

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