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Mitología Popular Manchega (II)

DUENDES

“Seres no vistos, que andan, hablan con los vivos, con los muertos y se mueven por las casas. En los cortijos había duendes que hablaban y los escuchaban. Fue famosa en Infantes la intervención de los duendes en una finca enduendada y hasta tuvo que intervenir la Guardia Civil”.

“Hombres pequeños y simpáticos. Alegres y desenfadados. Estaban en las cámaras, acribando harina, cosa que hacían en vez del ama de casa…”. En este caso, los duendes infanteños iban vestidos de color verde.

Los duendes montieleños tenían gran debilidad por las cámaras donde se guardaba el candeal y la paja. Vivían escondidos entre los grandes montones de paja, y sólo salían para cometer sus diabluras. Muchas madres, intimidaban a sus hijos advirtiéndoles que no subieran a las cámaras, pues, si los duendes los veían, los cogían y encantaban, convirtiéndose ellos también en duendes.

Casas enduendadas y famosas en su tiempo fueron: la de “Donato” en Torre de Juan Abad; la “Casa Grande” de Villamanrique; “Los Palacios” en Villanueva de los Infantes o la celebérrima “Casa de los Duendes”, lindera entre las lagunas de la Tomilla y Conseja, en Ruidera. De esta última, hoy se pueden oír historias que producen escalofríos.

(Fernand Nicolay en su “Historia de las Creencias” cuenta cómo algunas autoridades municipales francesas, exoneraban del pago de sus alquileres a aquellos inquilinos que habitaban casas enduendadas. Las leyes obligaban al arrendador a devolver el importe recibido).

Castellar de Santiago y la villa de Alambra tuvieron su calle del Duende.

 



ENCANTÁ

Aparición, que salvo excepciones, era siempre sanjuanera. En Villanueva de los Infantes se decía que: “Era una señora muy guapa, encantada, que no se veía pero que se podía hablar con ella y provocaba miedo”, “Mora muy guapa, con el pelo largo, a la que apenas podían resistirse los hombres que la miraban a los ojos… cuando se iba a beber agua en abrevaderos en el campo, salía con un cántaro y te golpeaba en la cabeza”, “Mora que vivía en sitios subterráneos, Cuevas de San Miguel y la Mora y salía el día de San Juan. Se decía que estaba encantada y que si te acertaba a tocar con el peine, quedarías también encantado o encantada”.

La “Encantá” de Torre de Juan Abad, se dejaba ver en El Estrecho de las Torres, también conocido como Torres de Joray o Eznavejor, término de Villamanrique.

La noche de San Juan, junto a la Fuente del Piojo, bajo la sombra de los últimos restos de Joray, era el lugar elegido para la manifestación mágica. La informadora relata que, se dieron días que las gentes del pueblo, en grupos, marchaban a contemplar el prodigio. Aparecía con un camisón de raso azul y en una de sus manos un maravilloso peine de oro que le servía para sus suaves cabellos. Cuando alguno de los curiosos se acercaba en demasía, la aparición desaparecía.

Fantasmagoría compartida con el vecino pueblo de Villamanrique. En él se han conservado algunas leyendas sobre la maldición que pesa sobre la “Encantá”, antaño, hermosa mora enamorada de un cristiano infiel, y de un tesoro oculto. Ese día ninguna moza soltera pasaba por tal lugar ni con el pensamiento, de hacerlo, no se casaban.

En Alcubillas, en el cerro de San Isidro, asomaba otra “Encantá” de la que decían suplicaba por piedad a los caminantes, un poco de agua… cuando el gañán caritativo, conmovido por las palabras suplicantes y la belleza de la encantada se acercaba para entregársela, desaparecía.

Junto a los “Riscos de la Cubeta”, Ruidera, también aparecía esta visión: “Pues íbamos los chiquillos a varear aquello, para comer los anises y las mujeres, nuestras madres, las personas mayores nos decían: “… tener cuidado, ir a una hora, siempre al mediodía o por la tarde, porque por las mañanas hay una mujer vieja que está encantá, con un pelo muy largo, pero es un pelo que brilla mucho, es de color de oro que se peina con un peine de oro y sale por las mañanas en cuanto sale el sol, al sitio que da el sol, y se está peinando y si os coge a algún chiquillo os va a dejar encantaos y os vais a quedar allí y ella se va a salir que es lo que quiere”.

La “Encantá del Caño” asomaba por tierras del pueblo de Montiel.

Dato significante es que, las múltiples manifestaciones de la “Encantá”, suceden junto a corrientes de agua.

 



ENCANTADOS

En Albaladejo son conocidos por “Los Encantados de la Cruz del Aravieja”, las apariciones fantasmales de formas indefinidas y que las gentes creían que eran las sombras de las Santas Ánimas Benditas en pena, recordando y reclamando promesas y fidelidades no cumplidas a sus deudos.

“Uno que se murió en los trigales, parece que después se aparecía en el mismo sitio. Y a esta visión la llamaron “El Encanto” o “El Encontrao”. Santa Cruz de los Cáñamos.

 



ESCAMILLA

Por muchos siglos fue famosa la leyenda que, hoy, se sigue recordando en Villanueva de los Infantes: “Había un dicho que decía: Escamilla enriqueció, pero un hijo le costó. Significaba que el padre mandó al hijo para sacar oro, pero el padre quería que no entrara más a la cueva, pero el hijo decía avaricioso: “Otra monterica de oro, otra monterica (era la medida de una montera), pero la cueva se cerró por la avaricia y por eso un hijo le costó”.

Diferentes relatos de otras abuelas de pueblos cercanos, narran que a Escamilla labrando, la tierra se le abrió bajo los pies y que en lo oscuro de la grieta brillaban monedas, oros y joyas. Esto sucedió en unos campos que lindan con “Cabeza de Buey”. En varios de los cuentos, el avaricioso es el padre, Escamilla, pero siempre el hijo es el condenado, al cerrarse de nuevo la tierra. Variantes se han recogido en Cózar, Torre de Juan Abad, Villamanrique y Castellar de Santiago.

 

 

FINAOS 

Espíritus de los familiares fallecidos, viejos lémures, que salían la noche de los Difuntos, en todos los pueblos del Campo de Montiel. Se les atinaba caminando por los tejados, calles desiertas y rincones a oscuras.

En Torre de Juan Abad, de esa noche, algunos contaron que, al pasar por el cementerio, vieron estantiguas agarradas a las rejas, que lo cierran, increpando a todos aquellos que pasaban de la obligación de cumplir las promesas y el respeto que debían a sus fallecidos. Asimismo alguno de los finados se llegaba hasta las casas y se escondía detrás de las puertas. Así lo contaban las abuelas a sus nietos junto al fuego comiendo los dulces tostones.

Asimismo, los infanteños creían que esa noche: “Se aparecía una persona fallecida y reclamaba una promesa que tenían que cumplir”.

Se recuerda que alguna de estas visiones se la vio: “En la pila del agua bendita o diciendo misa”.

Era generalizada, en toda la comarca montieleña, la creencia que en habiendo muerto, las campanas daban aviso de ello, en el pueblo, no se podía ni debía, cocinar ajillo, gachas… pues, el muerto acudía y removía con el dedo las gachas o el ajillo que estaba en la lumbre. Había que retirar a escape el caldero y dejarlo para otro día. Credulidad conservada aún en muchos hogares.

¿Vestigios del ágape funerario, en el cual los finados eran homenajeados y donde éstos acudían en espíritu a saborear su plato en el asiento dispuesto en la mesa?

 



GIGANTES

Si bien es cierto, que hasta la fecha no se ha anotado tradición oral alguna de la presencia de gigantes en el Campo de Montiel, sí existe un cuentecillo, Almedina, que juega veladamente, no sin picardía, con la existencia de ellos. Frente al pueblo, mirando hacía Torre de Juan Abad, hay un cerro donde llaman la atención un par de enormes rocas, conocidas por “Las Chinas del Pastor”. Quiere la tradición que, andaba un pastor con su rebaño por aquel rodal, se dolía de las molestias causadas por algo que tenía en una de sus albarcas. Al no soportar más el dolor, se quitó el calzado y arrojó al cerro las chinas causantes de su incomodidad.



GAMUSINO,

EL Por excelencia, el rey de burlas de la mitología popular y tradicional.

Todos, en particular el mocerío, saben de su existencia, pero jamás lo han visto, aunque contaban que cuando se les cazaba y los metían en un saco, pesaban como auténticas piedras.

Le han adjudicado formas y figuras de las más dispares y originales: avecillas que brillan en la oscuridad, pequeños mamíferos, ranas, tortugas, etc. Vivían, algunos de ellos aún habitan, en lo alto de los árboles, bajo los hongos, orillas de los arroyos y en los matorrales más densos.

El teósofo y descubridor cometario, Roso de Luna, dejó escrito en 1917: “Y qué, ¿tomásteis como burla extremeña la Caza de los Gamusinos, sí, cuando niños, abusaron de vuestra candidez haciéndoos cargar, en tenebrosa noche, con un costal, que un chusco llenaría de piedras para molimiento de vuestros hombros y desencanto? Pues saben que ello es reminiscencia de la Caza de Boars encantados, del mundo de los jinas, y Caza de los Swan-ursinos, cual Italia, y que lo de los gamusinos se relaciona con el gamo nocturno, Dama o Danna, en latín, en alusión a la Luna”.

En Villanueva de los Infantes “Animales que paraban en el campo y hacían sonidos extraños”.

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